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Singer Argentina: una historia que es tu historia

Como el dulce de leche y el mate, Singer está presente en las historias de muchas familias argentinas, en tu vida, la de tu abuela, tu mamá o tus amigas.

Una de esas tantas historias es la de María Luisa Felipacci (64), que con su primer sueldo compró una Singer para regalársela a su mamá en su día. “Era el año 1971. En la calle Florida, pleno centro de Buenos Aires, había un negocio frente a mi trabajo que la vendía. ¡Media oficina me acompañó a buscarla! Recuerdo la alegría de Lucía –mi mamá- cuando se la llevé a su casa. Con la compra regalaban un curso gratuito para aprender a manejarla”, cuenta María Luisa. Hasta ese momento su madre utilizaba una máquina manual Singer “de las de antes, con mueble y cajoncitos para guardar cosas”. Funcionaba a pedal, con la correa que rodeaba una gran rueda en la parte inferior de la máquina.

 

“Lucía usó la Singer mucho tiempo, hasta que sus manos ya no eran tan habilidosas y me la dejó a mí. Con la máquina confeccioné, hasta hace unos años atrás, ropa para mi hija y para mí. En 2016 aprovechando mis conocimientos de costura y con ayuda de mi hija comencé un emprendimiento de fabricación de objetos de decoración para el hogar. Sigo prefiriendo una Singer para trabajar y ahora soy yo la que transmite la pasión por Singer a las nuevas generaciones”, dice orgullosa.

En la familia de Candelaria Valenzuela (47) la Singer siempre estuvo presente: su abuela Aurora ya la usaba como productora de moda para las notas que se publicaban en la revista Para Ti, durante los años 70. “Me regaló unos libros de manualidades, con los que confeccionaba muñecas de trapo. Iba a la casa y quería un vestido para salir y ella me lo hacía, aprendía viéndola trabajar. Me enseñó a usar la máquina, por ese entonces me indicaba dónde poner las bobinas, cómo fijar la tensión de la máquina dependiendo de la tela que iba a utilizar; cambiar la aguja, que tenía que ser punta bolita (para el jersey), número 16 para jeans o telas gruesas, o número 14 para otro tipo de telas”, rememora Candelaria.

Además de esa valiosa herencia de transmitir su pasión por la costura, Ata –como la llamaba cariñosamente a Aurora-  la ayudó a pagar su primera máquina de coser. Candelaria empezó con confecciones sencillas, hoy hace almohadones, sábanas, acolchados, disfraces y moldería industrial. Y colabora con una ONG desde donde les enseñan a mujeres en situación de calle los oficios de tejer y coser.

La marca Singer cumplió 166 años a nivel mundial. Singer Argentina también tiene una larga historia familiar. Para Edgardo Ruere –presidente y fundador de MACOSER S.A., representante exclusivo desde 1983- “si decimos máquina para coser, de inmediato pensamos en Singer: es la satisfacción más grande que podemos recibir como marca. Nuestro éxito comercial se sostiene gracias a la calidad, a la certificación de las normas ISO 9001:2015 y al servicio de posventa que brindamos en todo el país, así como también a la pasión que le ponemos día a día al trabajo los que hacemos Singer Argentina”.     

¿Vos también te sentis identificada con estas historias? ¡Contanos cómo vive Singer en tu historia personal!